lunes, 29 de octubre de 2012

Borra todas las caritas tristes


Una brecha en el camino hizo que sus caminos se separaran. Como tantas otras veces, siendo ya casi costumbre. La primera vez dolió demasiado pero se encontraron al final de ese camino justo cuando se necesitaban para emprenderlo de nuevo y se volvieron a separar. Así contadas veces. Las siguientes veces también dolieron pero conforme se iba convirtiendo en rutina el dolor desaparecía. Ya no sufrían el tiempo separados, pero ahora dolía el temor de que alguna de esas veces fuera la última vez.
Ella guardaba un cuaderno en el que había apuntado los nombres de las personas más importantes de su vida y entre ellos aparecía él. Al lado de sus nombres, ponía un corazón cada vez que pasaba un momento feliz con esa persona o algo le agradaba y una carita triste si algo le sentaba mal. Mirando el cuaderno hizo un repaso de su nombre, que era como casi si su historia estuviera dibujada de aquella manera. Al principio muchos corazones, cuando se conocieron pero cada vez más se iban alternando con caras tristes. Ella apuntaba una cara triste cada vez que él desaparecía o cuando la ignoraba y corazones por cada momento pleno de felicidad que solo él era capaz de regalarle.
En su último reencuentro, ella le enseñó el cuaderno y dijo:
-Creo que no me convienes.
-¿Por qué? –Preguntó él mirando el cuaderno.
-Porque eres la persona que más caritas tristes me ha hecho dibujar.
El chico miró su nombre y la larga lista de caras tristes y corazones que lo componían. La cantidad era considerablemente mayor al de las demás personas.
-Vamos a hacer una cosa –apuntó el chico-. Vas a borrar todas las caras tristes mías y de todas las personas. Así solo te quedarás con lo bueno que cada persona te ofrece. ¿Qué te parece?
La chica dudó pero le hizo caso y borró las caras. Cuando lo hubo hecho el chico le señaló su nombre, que ahora era la lista de corazones más larga de todo el cuaderno y dijo:
-¿Aún crees que no te convengo?

lunes, 22 de octubre de 2012

El amor mira con el alma

El sabor de un beso de verdad siempre es único y perfecto. Y la gente no lo entiende, se empeñan en querer historias de cuentos de hadas, sobre todo, para el resto de la gente y da igual el sentimiento interior. Así funcionan muchas relaciones. Nunca entenderán lo perfecto de un beso imperfecto. La delicia del primer beso. Ese inesperado e improvisado enfrente de su portal que te da vergüenza contárselo a la gente de lo ordinario que fue. Pues para mí, fue el más deleitoso y verdadero. Y el segundo en la orilla de la playa, tras el cual le saqué una foto que hoy miraba. Y me siento bien y dichosa porque la foto es única y solo la tengo yo. No circula para que la vea todo el mundo y opinen y le quiten lo bello de la foto con sus comentarios envidiosos e indiferentes. Solo puedo opinar yo, porque solo yo y él estuvimos ahí. Sonríe ingenuo y no mira a la cámara. Su mirada se pierde unos centímetros detrás. Me miraba a mí. Esta foto es lo único que guardo en una caja de dimensiones agradecidas porque solo ella y lo que significa para mí llena toda la caja de sensaciones, recuerdos, añoranza, amor. Y es lo que necesito para alimentar mi alma que se representa en ese brillo de los ojos y que, desde entonces, duerme para despertar solo contigo; con una mirada cómplice en un encuentro inesperado,  un "te echo de menos", una sonrisa en un encuentro planeado y oculto o un beso en la nada,  porque todo desaparece si me besa. Cada ser tiene su comida y su diversidad, la comida de mi alma solo eres tú.

viernes, 19 de octubre de 2012

Cumbres borrascosas

Portada del libro cumbres borrascosas de emily brontë

Cumbres Borrascosas


Autora: Emily Brontë

Sinopsis:
La épica historia de Catherine y Heathcliff, situada en los sombríos y desolados páramos de Yorkshire, constituye una asombrosa visión metafísica del destino, la obsesión, la pasión y la venganza.

Publicada por primera vez en 1847, un año antes de morir su autora, esta obra rompía por completo con los cánones del ”decoro” que la Inglaterra victoriana exigía a toda novela -tanto en el tema escogido como en la descripción de los personajes- y con la conducción autor-lector impuesta por las obras serializadas. Diversas extrañas la calificaron de ”burda, desagradable y alarmante”, pero en ningún momento se dudó de la singularidad de su estructura narrativa y de la fuerza de su lenguaje. Son estos valores los que con posterioridad crearon escuela y convirtieron la novela de Emily Brönte en una de las obras maestras de la literatura universal. 

La poderosa y hosca figura de Heathcliff domina Cumbres Borrascosas, novela apasionada y tempestuosa cuya sensibilidad se adelantó a su tiempo. Los brumosos y sombríos páramos de Yorkshire son el singular escenario donde se desarrolla con fuerza arrebatadora esta historia de venganza y odio, de pasiones desatadas y amores desesperados que van más allá de la muerte y que hacen de ella una de las obras más singulares y atractivas de todos los tiempos.


Opinión personal:

Dicen de Cumbres borrascosas que es la historia de amor más hermosa y trágica de toda la literatura. Y como admiradora fiel de esta novela y su autora, no puedo más que reclamarlo. Podré contaros aquí mejor o peor de qué trata o cómo son sus personajes, pero, desde mi punto de vista, es una novela de lectura indispensable.

sábado, 13 de octubre de 2012

La última vela


La última vela se apagó ofreciéndoles intimidad antes de que el sujetador cayera al suelo. El roce de la prenda por las piernas de ella inspiró el deseo de él. Entre la penumbra, miró delicadamente su cuerpo casi desnudo y sonrió. Un dulce beso acompañado de caricias los unió y se dejaron caer en su nube de amor. Su robusta y segura mano acariciaba su cuerpo jugando con la última prenda que le quedaba puesta. Los latidos de ella se escuchaban hasta en la tierra, creando una melodía que les acompañaría todo el camino. Cada paso más allá era lento y con dulzura. Un pintalabios rojo adornaba con besos su cuello. La pasión se encendía más rápido que lo que había tardado la última vela en apagarse. Los movimientos se tornaban más rápido sin perder delicadeza. Él comenzó a arrastrar la última prenda que le quedaba puesta con los pies  hacía abajo. Ambos desnudos mitigaban el delirio que ellos mismos habían creado. Él la hacía sentir segura, siguiéndola a su ritmo.  Se miraron un momento, él buscaba su asentimiento y ella su amor. Un mar de nuevas caricias, besos y movimientos le dio a cada uno lo que anhelaba del otro.  Un atisbo de luz se dejó entrar entre las rendijas de la ventaba descubriendo lo que era el amor.
-¿Te duele? –preguntó él.
-Te quiero –contestó ella.
Acelerando el ritmo, consumaron su amor. Llegaron los suspiros, primero los de ella, que con los ojos cerrados, se dejaba llevar. La primera gota de sudor nació en la espalda de él, hija de la pasión. Un vaivén danzó con ellos. Un gruñido, una mano apretando una espalda, unos labios besando un cuello. La magia volaba a su alrededor, dándoles cuánto necesitaban. Sin ver, con los ojos cerrados, se sentían más cerca que nunca; sus almas salieron para mirarse fijamente y comprobar que eran casi iguales.
Tras el momento cumbre, él confirió el último suspiro un segundo antes de abrir los ojos. Dos sonrisas se miraron renovadas y más enamoradas que nunca. Él se dejó caer a su lado y la ayudó a acomodarse en su pecho. Acarició su pelo y besó su mejilla. 

jueves, 11 de octubre de 2012

Temo cerrar los ojos por si te vas más lejos


Los parpados me pesaban; el sueño me invadía. Aire frío entraba por las múltiples rendijas de la cabaña. Me acurruqué más a él y me abrazó. Mis piernas se entrelazaron con las suyas. Quería quedarme ahí para siempre. A su lado. Me acarició el pelo con una sonrisa en los labios. Tenía miedo de dormirme y que cuando despertara ya no estuviera o, en el peor de los casos, todo hubiera sido un sueño. Sin embargo, el sueño me envolvía como una lenta melodía que me invitaba a irme con ella y sabía que sucumbiría a sus deseos. Alargué la mano y toqué una estrella. “Te quiero” Escribí en ella. Él me besó la frente segundos antes de que el sueño cayera sobre mí.
El sonido de la lluvia golpeando la ventana me despertó. Tenía frío. Di media vuelta en la cama vacía. Desde allí, miré por la ventana; llovía mucho y todavía no había amanecido, no había luz. Palpé su hueco vacío y lo eché de menos. Miré la estrella en la que le había expresado mi amor. “Yo también te quiero y te necesito, princesa” leí escrito debajo de mi te quiero. Su letra era inconfundible, al contrario que sus sentimientos. Sonreí e intenté recordar el momento en que él lo había escrito, pero debí de haberme quedado dormida antes. Ningún recuerdo de ello venía a mi cabeza. Las goteras empezaban a mojarme. Me vestí y salí de allí, atravesé el campo y volví a mi casa casi empapada por la lluvia. Pero no me importaba, era feliz. Y la próxima noche, volvería a nuestra cabaña de nuevo.

viernes, 5 de octubre de 2012

Un recuerdo


Y un día ves que todo acaba. Sin más. Muchas personas se han ido y las que quedan… han cambiado. La mayoría están por estar, porque es “su lugar” pocos están porque lo deseen. Hechas un vistazo atrás y ves a otros que seguro desearían estar y no puede ser así. Porque es incorrecto, porque la sociedad impone sus reglas, porque hay que agradar a los demás. Y ahí te das cuenta de que lo más valioso que tienes en este momento son los recuerdos. Recuerdos fugaces, algunos mezclados con la imaginación hasta el punto que no puedes diferenciar qué es lo qué pasó de verdad. La mente actúa así: si te falta algo en un recuerdo, lo rellena. Quizá en esos recuerdos haya muchos rellenos. No estás segura, pero lo que sabes es que sonríes cuando lo recuerdas. Y eso, es suficiente.