martes, 9 de abril de 2013

"Que esperen, yo te estoy mirando"

Oí rugido del motor y enseguida supe de quién se trataba. Era inconfundible. Me volví torpe y el libro se me resbalaba de las manos hasta que se escurrió y cayó al suelo. Mi mirada fija al frente mientras oía los latidos de mi corazón. ¿Se había caído algún libro? Me levanté sin saber qué hacer, me dirigí a un lado más ambientado y lleno de gente para esconderme, o para que no me viera directamente, o... no sé por qué. Me temblaban las piernas. Sentí su paso acercándose y quise reír y llorar a la vez. Se me formó una sonrisa en la cara que los nervios querían destituir. Clavé la visa al frente y, decidida, salí de mi escondrijo. Los tacones resonaban contra las tablas de madera que daban entrada al mar y mientras, lo miraba a los ojos. Y me pareció un sonido hermoso. Me quedé a unos pasos de él, no sabía si abrazarlo o enzarzarme con él en una pelea que perdería. Él sonrió primero. El ambiente se había vuelto cálido con su sola presencia y no veía otra cosa que sus profundos ojos. El sonido del motor volvió a sonar cercano, por la carretera contigua a aquel lugar, pero esta vez no lo conducía él.
-Te están esperando. 
-Que esperen, te estoy mirando. 
Roto el hielo, se acercó unos pasos más a mí, dubitativo. Quizá estaba tan nervioso como yo. Su mano acarició mi tez y cerré los ojos. Noté una presión en mis labios a la que respondí con dulzura. Notaba como si  me apretaran el corazón con una mano. 
-Creo que estoy soñando.
-Pues no te despiertes. 

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