lunes, 29 de abril de 2013

El viaje íntimo de la locura

Portada del libro el viaje intimo de la locura de roberto iniesta

El viaje íntimo de la locura  

Autor: Roberto Iniesta
Año: 2009
Editorial: El Hombre del Saco (Gernika, Bizkaia)

Sinopsis

En el jardín hay un cerezo dormido, pero parece muerto. Este otoño comenzó a sentirse apático, y la dejadez se apoderó de su espíritu. La vida, cansada de verle abúlico y desastrado, decidió que lo mejor sería que se tomaran un tiempo para reflexionar sobre su relación, y se marchó de vacaciones, dejándole en un estado de abatimiento que hizo que se fuera consumiendo poco a poco hasta que acabó por convertirse en lo que es ahora: el aletargado esqueleto de un cerezo; una osamenta de madera clavada al suelo, que sólo espera que regrese la vida.

El viaje íntimo de la locura es la primera novela de Roberto Iniesta, alma máter de Extremoduro, una de las bandas más reconocidas desde sus inicios hasta hoy.

La principal seña de identidad de Extremoduro son las letras que escribe Robe, el cual está considerado como uno de los más audaces compositores del país.

En esta novela, a través de su forma original —y única— de expresarse, nos adentra en una aventura que, además de hacernos soñar, nos permitirá ver el mundo desde una perspectiva diferente.


Opinión Personal
El viaje íntimo de la locura es una novela totalmente diferente. Nunca había leído una historia como ésta. Es loca y atrevida, da saltos de continuidad; cambia de narrador -de uno externo enfocado a Don Severino a uno interno, en primera persona; una lombríz-. Sí, una lombriz enfadada con Don Severino. 


Eso no hace falta que lo jures, so lesbiano. Continuará.



—¡Me cagüen la gusana madre de la creación, que nos parió y nos trajo a este puto mundo lleno de gárrulos! ¡Maldita raza humana y cerril! ¡Joder! Me prometí a mí misma escribir esto sin dejar que la mala leche me agriara la prosa, pero me dijeron que podría contar mi historia, y esto es un engaño.

En el prólogo ya habla de las lombrices y de qué pasaría si la historia la contaran los derrotados, no los vencedores; como pasa en esta historia con las lombrices, por eso les da voz. Me parece increíble la manera de contar esta historia, pues la misma historia, contada de manera diferente podría ser un auténtico bodrio.

El principio es lento y un poco pesado ya que nos presenta la implacable y aburrida rutina de Don Severino, necesaria, sin embargo, para sentar las bases de la historia y poder entender y ver la drástica transformación que va sufriendo.

Don Severino, personaje principal y casi único, es un hombre recto que nunca se ha salido de la línea de su vida. Sin embargo, últimamente empiezan a pesarle montones de cosas que cambian su vida por completo, llevándole hasta la locura. Éste se podría decir que es el argumento.

El hecho de que haya prácticamente un solo personaje parece darle poca acción al libro, sin embargo, consigue mantenernos en constante tensión, absorbidos por las extrañas cosas que hace a causa de la locura, pero que no dejan de tener un por qué. Metáforas inundan las páginas a través de los más surrealistas momentos que vive el protagonista. Además, debido a tener un sólo personaje, el autor mete sus diálogos internos además de las veces que el protagonista habla en voz alta para darle un poco de dinamismo. El vocabulario se nota que está elegido con sumo cuidado y se adecua bien a cada momento de la historia (incluso cuando hablan las lombrices).

El autor, por otra parte, elige otros personajes inhumanos a los que personifica y la mayoría de ellos son elementos de la naturaleza: el sol, la luna, las estrellas... y les da un significado. 

Otro detalle que viene un poco al final del libro y que me hace darme cuenta de la importancia de la naturaleza para el autor es cuando una empresa quiere destruir una parte de un bosque para hacerla carretera y el protagonista, juntos otros personajes, se oponen fuertemente. Ahí va uno de los párrafos que más me gustaron en relación a esto:


Al Sol ya no le impresiona nada. Ha oído explotar planetas y ni se ha girado a mirar. Ya nada le interesa; dicen que busca a la Luna, pero las noches le aterran.


Por último, mencionar lo realmente divertido que resulta el libro. En más de una ocasión me hacía reír con ganas antes las constantes ideas locas y peculiares situaciones que vive el protagonista. Aquí os dejo, para acabar, con uno de mis momentos preferidos del libro:



—¡Eh, eh bicho! ¡Eeeah!

El cangrejo mira a don Severino con cara de pocos amigos y vuelve a hacer las falsas embestidas del principio con la esperanza de que su enemigo se amilane. Pero don Severino, sujetando el palo con las dos manos, lejos de retroceder, empieza a ganar terreno. No es un palo demasiado grande, hubiera preferido una buena estaca, pero no ha habido tiempo de buscar nada mejor. La lucha debe ser aquí y ahora, sino, el astuto cangrejo subidor de palmeras se comerá el coco en un abrir y cerrar de pinzas. Con el palo por delante, como si le fuera a pinchar, don Severino se lanza al combate.


-¡No... Suelta! ¡Suéltalo, bestia inmunda!

Cangrejo: uno, don Severino: cero. El monstruo se ha quedado con el palo entre las pinzas y no le ha pillado la pierna de milagro. Don Severino se retira cabizbajo. Va buscando una piedra; no se rinde, sólo ha perdido el primer asalto. Encuentra una piedra como un puño y se revuelve con ella hacia su adversario.


-Tú lo has querido-. Sin acercarse, le tira la piedra y le da un buen golpe. No ha sido una pedrada tan fuerte como para matarlo, pero de sobra para enfurecerlo. Ahora, el cangrejo sí que corre detrás de don Severino con ganas de hacerle daño, y don Severino no para de correr, sin dejar de buscar otra con su perseguidor pegado a los talones.Tiene que ser una piedra más gorda,mucho más pesada. En su huida, distingue un pedrusco del tamaño de un balón de fútbol y llega hasta él con el cangrejo casi dándole alcance; se para justo delante de la piedra y, mientras se agacha para cogerla, nota cómo las pinzas le agarra por encima del tobillo y siente un dolor terrible.

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