viernes, 30 de noviembre de 2012

Volveré a por ti


Cerró el puño y la arena le raspó en el interior de la palma de la mano. La brisa de aire caliente la abrazaba ardiente. No tenía fuerzas para levantarse pero el dolor de estar en el suelo y encima de tantas piedras, era insoportable. Volvió a abrir la mano. Sangre. No sabe cuanto tiempo llevaba allí inconsciente. Abrió los ojos y miró a su alrededor. Nada. La gran falda de su vestido violeta de princesa esta rasgado. El sol la deslumbró y algunos recuerdos volvieron a su cabeza. La había abandonado, desprestigiado, infravalorado y tirado allí, en aquel lugar perdido del mundo. Una lágrima pura nació de sus ojos azules y recorrió su mejilla. Cada latido de su corazón le hacía daño en el pecho. Se incorporó y observó sus zapatos de tacón blancos tirados a varios metros de ella. Con la ilusión con la que los había comprado para que acabaran así. Más recuerdos volvieron a su cabeza.

-¡Dejadla ahí! -gritó un hombre montado a caballo-. ¡Esa puta no merece vivir!
-Pero señor… ¡Morirá! –le reprochó otro hombre con sombrero que la miraba desde la lejanía. Ella también lo miró y los dos a la vez dejaron escapar una lágrima de sus ojos. Los de ella, azules, los de él, color miel. Dos ojos, dos miradas que no se volverían a encontrar.
-¡Vamos! ¡Date prisa si no quieres acabar como ella! –volvió a gritar el hombre que montaba una preciosa yegua blanca.
El hombre del sombrero se acercó a la chica y le puso algo entre las manos. Un papel. Seguidamente, le susurró: “Volveré a por ti”

Cada recuerdo era una puñalada para su corazón que ya estaba demasiado herido. Le sorprendía seguir viva después de haber pasado la noche en aquel lugar. Se miró las manos, pero allí no había ningún papel. Se levantó a duras penas. Tenía heridas por todos lados, algunas demasiado profundas y que todavía le sangraban. Se sacudió lo que le quedaba de la falda con la esperanza de que aquel papel cayera al suelo. Pero no fue así y se dio por vencida. No tenía fuerzas para buscarlo por los alrededores y sabía que ya no tenía nada que hacer y que moriría allí. Ya ni le dolía. Un tirabuzón de su pelo rubio se mezcló con sus lágrimas, empapándose casi por completo.
A muchos metros de allí, un pequeño papel arrugado y amarillo corría con el viento. En su interior se hallaba escrita con pésima caligrafía una dirección. “Sé fuerte y acude a este lugar. Allí te ayudarán hasta que yo vaya a por ti. Te quiero, princesa”

domingo, 25 de noviembre de 2012

Y así... es como lo odio y lo amo a la vez.

-Mira ese chico...
Y lo miré sin ver.Y no me importó que estuviera enamorado de mí porque a mí no me atraía. Y cambié la dirección de mi mirada ante sus tristes ojos . Pero él tenía algo más que yo desconocía: Una personalidad irremediablemente asquerosa y preciosa. Dos adjetivos opuesto para el mismo elemento; así era él. 

Precioso por nuestras conversaciones infinitas, por sus dulces palabras, por su exótica voz, por sus cálidos abrazos, sus atrayentes besos, sus maravillosas sorpresas, sus mensajes de buenas noches, su sonrisa, su ayuda incondicional y hasta nuestras divertidas peleas. 
Y así me enamoré de él. 

Asqueroso por su inestabilidad, por marearme con su amor, por ir y venir sin motivos, por desaparecer cuando lo necesito, por estar cuando quiero olvidarlo, por recordarme lo que fue cuando yo ya solo quiero pensar en lo que viene, por no dejarme que continúe mi camino, por clavarme la mirada hasta que me salta el corazón aunque no quiera... 

Y así... es como lo odio y lo amo a la vez.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo

Portada del libro todo lo que podríamos haber sido tu y yo si no fueramos tu y yo de albert espinosa

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo.

Autor: Albert Espinosa

Editorial: Grijalbo

Sinopsis
¿Y si con solo mirarte pudiera desvelar tus secretos más profundos?
¿Y si con solo mirarte pudiera sentir con tu corazón?
¿Y si en solo un instante fuera posible saber exactamente quiénes somos el uno para el otro?
Marcos acaba de perder a su madre, una reconocida bailarina que le ha enseñado todo en la vida, y decide que su mundo ya no puede ser igual sin ella. Justo en el momento que va a dar un giro a su vida, una llamada de teléfono cambia radicalmente los acontecimientos.





jueves, 15 de noviembre de 2012

-Supongo que… eres el beso más cercano que tuve.



Bajé la cuesta y me sorprendió verlo allí, me miraba a través de sus gafas de sol que protegía sus claros ojos. Toda la gente había desaparecido y por el contrario, el había aparecido de la nada. No me quitó la vista de encima mientras me acercaba a él. Casi no lo conocía, por lo que mi curiosidad aumentó.
-¿Qué haces aquí?
-Esperarte
-Todo el mundo se ha ido ya.
-Mejor.
No terminaba de entenderlo pero no dije nada más. Nos dirigimos al comedor comunitario y nos sentamos en unos sofás del fondo.
Me miraba intensamente mientras percibí que la gente nos dejaba solos de nuevo. Él sonrió.
-No me recuerdas –dijo mezclando interrogación y afirmación.
-¿Tú sí?
-Llevabas una peluca naranja y siempre revolucionabas la clase –lo dijo con nostalgia en la mirada y me sorprendió ver que no se equivocaba y siguió explicando-. Mi padre era el director de tu antiguo colegio.
Quise recordarlo, intenté hacer memoria, pero mis recuerdos eran borrosos. Visualicé a un niño debajo de una mesa, en el comedor. Reíamos juntos. Lo miré y reconocí en él sus facciones, su sonrisa. Pero no podía recordar nada más.
-Éramos amigos –dije en el mismo tono en el que él me había preguntado si lo recordaba.
-Supongo que… eres el beso más cercano que tuve.
Mi sorpresa fue máxima y no dije nada más. Él se percató y tampoco dijo nada. Cinco minutos de silencio, mirándonos a los ojos, recordando momentos pasados juntos; juegos, risas, cariños… y el que casi lo hubiera olvidado me dolió seguramente a mí más que a él. Tenía los ojos tan claros… recordé que me encantaban y un momento en que le di un dulce beso en cada ojo.
Él se levantó sin decir nada y cogió una mochila que había tras el sofá. Estaba medio abierta y no se molestó en cerrarla. Me la dejó caer encima y desapareció. La gente comenzó a volver al comedor. O quizá ya estaba antes. Una chica miraba curiosa y envidiosa la mochila. La cogí y vi algo en vuelto en papel de regalo naranja como mi peluca. Supe que lo había elegido aposta. Saqué el regalo y vi que tenía forma cuadrada, una caja quizá. Sonreí y volví a meter el paquete en la mochila. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Cuando las cosas están claras, no hace falta extenderse más.

Puede ser por odio o por restos de amor el que ya no quiera oírte. Que ya no quiero tus dulces e infieles palabras que me mantienen en vilo encima de una cuerda floja. Que me haces tambalear y caer pero luego me das la mano. Pero ya decidí no caer más, no quiero oírte, ni verte ni escuchar tus susurros. Y si caigo, esta vez voy a levantarme sola.