jueves, 11 de octubre de 2012

Temo cerrar los ojos por si te vas más lejos


Los parpados me pesaban; el sueño me invadía. Aire frío entraba por las múltiples rendijas de la cabaña. Me acurruqué más a él y me abrazó. Mis piernas se entrelazaron con las suyas. Quería quedarme ahí para siempre. A su lado. Me acarició el pelo con una sonrisa en los labios. Tenía miedo de dormirme y que cuando despertara ya no estuviera o, en el peor de los casos, todo hubiera sido un sueño. Sin embargo, el sueño me envolvía como una lenta melodía que me invitaba a irme con ella y sabía que sucumbiría a sus deseos. Alargué la mano y toqué una estrella. “Te quiero” Escribí en ella. Él me besó la frente segundos antes de que el sueño cayera sobre mí.
El sonido de la lluvia golpeando la ventana me despertó. Tenía frío. Di media vuelta en la cama vacía. Desde allí, miré por la ventana; llovía mucho y todavía no había amanecido, no había luz. Palpé su hueco vacío y lo eché de menos. Miré la estrella en la que le había expresado mi amor. “Yo también te quiero y te necesito, princesa” leí escrito debajo de mi te quiero. Su letra era inconfundible, al contrario que sus sentimientos. Sonreí e intenté recordar el momento en que él lo había escrito, pero debí de haberme quedado dormida antes. Ningún recuerdo de ello venía a mi cabeza. Las goteras empezaban a mojarme. Me vestí y salí de allí, atravesé el campo y volví a mi casa casi empapada por la lluvia. Pero no me importaba, era feliz. Y la próxima noche, volvería a nuestra cabaña de nuevo.

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